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  • Killswitch Engage en Chile: como si fuera la primera vez

    Ago 26 2014, 13h58

    Mar 19 Ago – Killswitch Engage & Memphis May Fire



    Saldando una deuda simbólica, Killswitch Engage volvió a suelos chilenos en lo que pareció ser una primera vez algo atrasada debido a la reincorporación de Jesse Leach, el vocalista original, a la banda. Un setlist apuntado a sacar lo mejor de esto fue lo que sacudió los cimientos del Teatro Caupolicán, aunque guardando las proporciones para brindar un show balanceado en consideración a los trabajos donde Howard Jones aportó voz y letras.

    Un primer factor a considerar en esto es que a pesar de la división entre fans (team Jesse vs. team Howard), los asistentes al show dejaron de lado sus aparentes diferencias al comprobar que Leach hizo las tareas, tanto en aprenderse los temas de quien lo reemplazó durante unos buenos años como en mejorar su capacidad pulmonar y vocal. El tipo se comió el Caupolicán a grito pelado.

    Con diapositivas acorde a cada era de la banda brillando en grande al final del escenario (y una invitándonos a beber hasta morir) la agrupación estadounidense dio inicio a su repertorio con Fixation on the Darkness, de su primerísimo primer material homónimo, y luego re editado para el Alive or Just Breathing. Inmediata reacción del público, la mayoría en la brecha de los veintisiempre, recordando viejos tiempos y saltando como resorte más que armando un pit.

    Las cosas no alcanzaron a calmarse cuando los riffs de This is Absolution transportaron el imaginario colectivo al 2007, demostrando además la forma en que Leach adaptó el registro vocal de Howard Jones al suyo propio. Nada que envidiarle a estas alturas a quien volviera famosa a la banda en el pasado, haciendo vibrar el recinto y logrando que nadie se quedara quieto.

    Una pequeña pausa al finalizar, donde como varios anticiparon, el carismático guitarra Adam Dutkiewicz improvisó un beatbox y animó un poco los ambientes, mientras la banda comenzó a esbozar las primeras sonrisas de recompensa ante el feedback. Casi sin aviso comenzó entonces Beyond the Flames, sacando la artillería del más reciente trabajo que brilló por el regreso de Leach, Disarm the Descent.

    La cierta melancolía del tema se extendió con The Arms of Sorrow, brindando ese clásico balance de la banda entre gutural, canto limpio, riffs brutales y puentes melódicos. Como tal vez esto calmó los ánimos, se dio paso a Breathe Life y con ello a uno de los primeros pits bien constituidos de la velada, con todo y patadas giratorias. Un público ya confiado y contento ante la interacción con la banda coreaba, dedicaba gestos de manos y gritos respondiendo a la ejecución vocal tanto de Jesse como de Adam, que sin duda se robaron la noche.

    Volviendo a su última placa, que da nombre al tour que los trajo a Chile, la melodía de No End in Sight volvió a instaurar ese ambiente de tenso relajo que uno podría sentir antes de una tormenta, con un coro pegajoso y fácil de recordar que se repitió de memoria, calcadito a la versión de estudio.

    Otra pausa, los chicos ya no tan jóvenes de Massachusetts se estiraron y relajaron un poco, con una alegría notoria. Leach da unos sorbos de pisco y vuelve a la carga con Rose of Sharyn, a lo que automáticamente el público volvió a organizar un rápido moshpit que pausaba para corear al unísono las secciones de canto limpio, de forma solemne, como entonando el himno nacional.

    El setlist comenzó a tomar consistencia y la clara intención de robarse el aliento de los incautos con This Fire, uno de los favoritos del As Daylight Ends y tema insigne de las capacidades vocales del anterior frontman. La versión Leach no recibió nada más que halagos traducidos en cabeceo y brazos alzados recitando la letra. Y para reafirmar esto, Life to Lifeless salió a escena reavivando la cueca de los fans más viejitos, de cuando la banda vestía pantalones anchos y pelo parado con gel.

    Siguiendo con los viejos tiempos, la otra pausa da paso a un anuncio en forma de pregunta: “¿cuántos acá son fans desde el principio?” pregunta Jesse. “Porque ahora viene algo de nuestro primer trabajo”. Expectación, y el preludio que antesede a Soilborn, del álbum homónimo comienza sus primeros riffs y doble pedaleo. Un poco de headbanging sincronizado dio paso a uno de los caballitos de batalla de Killswitch en sus inicios en la industria, Temple from the Within. Y como era de esperarse, la cancha del Caupolicán estalló en saltos, gritos y patadas al aire.

    El momento catárquico de la noche llegó con Always, devolviendo el balance a las canciones nuevas, donde los amigos se demostraron afecto de forma menos violenta y las parejas se abrazaron.

    Un coreo al unísono al que sólo le faltaron velitas hizo retumbar las paredes, para que luego, de forma abrupta, A Tribute to the Fallen comenzara a comerse la calma con una mezcla demoledora de gutural, riffs rápidos y batería galopante; dando paso a un coro melódico fácil de entonar y que nadie desaprovechó para cantar con el puño en alto. Probablemente uno de las mejores piezas del Disarm the Descent y un punto álgido de la noche, junto a Rose of Sharyn.

    Y hablando de puntos álgidos, la pausa que antecedió a la tormenta pareció durar para siempre cuando unos golpes furiosos de batería acompañados de rasgueos potentes anunciaron otro clásico de aquellos: Numbered Days. El Caupolicán gritó a todo pulmón el “THE TIME APROACHES!” mientras el frontman se hizo cargo del resto llevando la batuta con saltos de gimnasta y cabeceos.

    Luego de tal derroche de energía, A Bid Farewell pareció extrañamente tranquilo a pesar de sus obvias partes doble-pedaleadas. Eso no detuvo a nadie en el público, en todo caso. Lo coreable se coreó y lo mosheable obviamente se mosheó. Algo de desgaste se hizo notar sí, a estas alturas, más en algunos sectores de cancha que en el escenario.

    La agrupación aún tenía cuerda para rato y lo demostraron con The New Awakening, otro de sus caballitos de batalla de la última placa, con un rápido doble pedal y prácticamente grito pelado, invitando a todos los asistentes a gritar junto al vocal repetidamente el “I WILL NOT LIVE IN FEAR”, separando cada sílaba siguiendo las breves pausas. El protagonismo se compartió dentro y abajo del podio.

    Como ya se hacía costumbre, las pausas eran pocas entre canciones y en esta ocasión el descanso se dio únicamente por la intro de My Last Serenade, EL tema más coreado ever en la historia de Killswitch Engage con Jesse en el micrófono. Por lo mismo, el público comenzó de antemano a repetir las clásicas palabras antes de la acción, causando que Leach soltara un emotivo “muchas gracias”.

    Ya llegando al ansiado coro de la canción, con su merecido griterío, cabeceo y algo de mosh, el público se comió a la banda con un emotivo THIS IS MY LAST SERENADE, el cual fue incentivado por el quinteto estadounidense en un evidente gesto conmovido. Otro punto álgido.

    Finalmente llegó el adiós con In due Time, cerrando lo que fue sin duda una velada movida. Se sintió cierta nostalgia al indicar la banda que este sería el último tema, el mismo que anunció el regreso del primer vocalista a llenar el cupo que tal vez no debió haber dejado, según algunos.

    Culmina la canción, se escuchan las palabras de agradecimiento, baquetas y uñetas vuelan por el aire ante un público consternado que clamaba por más. Al minuto se comenzó a oír el típico “no nos vamos ni cagando”, que junto con el “wuooo-ooo-oo-ooo” nos identifican como público chileno en cualquier evento masivo.

    El clamor fue escuchado y Killswitch volvió al escenario a rematar con un combo doble de My Curse y The End of Heartache, los temas que faltaban para llenar un setlist lleno de clásicos nuevos y viejos. Se volvió a cantar, a saltar, a gritar, a cabecear y a moshear, para luego dar el adiós final.

    El sonido fue impecable, el ambiente se sintió familiar e íntimo, luego de unos teloneros nacionales y extranjeros que fueron calentando las cosas para luego disfrutar del plato central.

    Killswitch Engage se despidió con un esperanzador “esperamos volver pronto”. Un acierto de BTS!! Producciones.

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  • Soulfly en Chile 2013: pocos pero locos.

    Ago 22 2013, 12h51

    Mar 20 Ago – Soulfly En Chile - Savages South American Tour



    Soulfly tuvo una demoledora presentación en el Teatro Caupolicán. Una deuda saldada luego de las precarias condiciones en las que se presentó anteriormente, en el reducido espacio del Club Espacio 334 de calle San Diego el año pasado, y la discoteque EntreDos el 2007. Sin embargo, su pesado setlist y abrumadora puesta en vivo se vio opacada por poca asistencia, problemas técnicos, y una tardía puesta en escena, que para algunos quedó con gusto a poco, debido a la exuberante cifra de cuatro teloneros.

    A nivel general, los asistentes obtuvieron lo que fueron a buscar, y se notó en el animado ambiente que reinó durante gran parte de la velada en el sector “cancha” del Caupolicán.

    Sin embargo, una excesiva saturación y diversos problemas de interferencia en la amplificación de las guitarras fueron una constante durante casi todo el show, partiendo por In Cold Blood, que tuvieron la pesada tarea de abrir con aún pocos asistentes. Por lo mismo, la respuesta del público fue casi nula, exceptuando unos aplausos de cortesía que nunca vienen mal. Sin embargo, el esfuerzo y el profesionalismo de la banda se hicieron notar.

    Luego de una pausa, fue el turno de 2X. La reconocidísima banda de nu metal chileno, podría decirse que la insigne de la “cultura aggro” que imperó en nuestro país en los 00’s, abrió poderosamente con nuevo material, a tal punto que ya no importó mucho la saturación de la amplificación ya mencionada. En este sentido, el público, que ya era más numeroso, se movía más por la inercia de los temas conocidos, partiendo por No lo Podrás Sostener, y luego haciendo un variopinto recorrido entre nuevo material y clásicos del Pateando Cráneos y Lucha Eterna.

    Aparte de la nueva y cambiante formación, donde solo Alex de la Fuente es la constante, el nuevo DJ de la agrupación, DJ Willy, se lució en las tornamesas con unas potentes intros para Juicio y Castigo y La Fuerza Policial, un combo doble que fue avivado por los frecuentes agregados de una trutruca a cargo de Alex, quién se notó fuertemente impetuoso, tal vez por los ya 40 años del Golpe de Estado, tema central del cuarto tema de su primer álbum.

    Lamentablemente, 2X dejo el ánimo muy alto como para que los asistentes afrontaran a los próximos teloneros, Texas Curse. Los brasileños fueron respetuosos y simpáticos con el público, aunque a veces el “carisma” de su frontman chocó a algunos y fue tildado de “Mike Patton wannabe”. El southern rock de los chicos de Sao Pablo no fue suficiente para impresionar a un público que venía saliendo del trance que significó para muchos 2X, pero se levantó tributando a Down, con Stone the Crow, que encendió un poco el ambiente antes de despedirse.

    Finalmente, el desfile de teloneros terminó con The Silence, esperada por bastantes en el público y que fue abruptamente cortada por motivos de tiempo, alcanzando sólo a tocar tres temas. Sin embargo, alcanzaron a demostrar poderío y calidad, y respetuosamente agradecieron al público para darle paso al plato de fondo: Soulfly.

    Para ser francos, los brasileños salieron bastante tarde, unos 45 minutos según la calendarización oficial. No obstante, para muchos valió la espera apenas comenzaron a sonar los primeros acordes de Plata o Plomo, a pesar de la mala ecualización y que Tony Campos, bajista reconocido como la voz de Asesino y gran contribución deStatic-X, a pesar de tener un gran protagonismo en la canción tributo a Pablo Escobar, su voz sólo fue escuchada, tal vez, por los que estaban pegados a la reja, cerca de él, por problemas con su micrófono.

    Prophecy arregló las cosas con Mark Rizzo en la guitarra, nuevamente, haciendo olvidar el mal rato a los que esperaban los guturales chingones de Campos. Le siguió la comunión de generaciones con Back to the Primitive, temazo de su segundo trabajo que unió a viejos y jóvenes con un clásico que ya tiene 15 años. Lamentablemente, el pelado barbón de Tony Campos pudo haber brillado en lo que vino después, Defeat U, haciendo las voces que en la versión del álbum hace Danny Marianino; pero aún la producción no solucionaba su problema con el micrófono. Tal vez previendo esto, rápidamente se dio paso a Seek n’ Strike, I and I, y Babylon, cuya doble pedalera inicial remeció los cimientos del Caupolicán.

    Luego, con una pequeña pausa llena de expectación, Max Cavalera dio rienda suelta a clásicos de su autoría en Sepultura, volviendo a todos locos con Refuse/Resist, y no dejando respirar a nadie volviendo a la carga con Territory, dejando el desmadre y un circle pit nada envidiable para la poca gente que estuvo presente en el acto principal. La misma gente que se fue de espalda cuando Max anunció y comenzó a tocar los acordes de Wasting Away, canción perteneciente a otro de sus proyectos, Nailbomb.

    Nuevamente una pausa, donde Cavalera nos cuenta en un nutrido portuñol lo que tocará a continuación, Straighthate del álbum Roots, destacando antes de empezar que fue el primer tema que compuso para el insigne álbum de Sepultura. Al final de la canción, un mini tributo a Black Sabbath con un extracto de Iron Man, para arremeter con fuerza usando Rise of the Fallen, tema con el que abrieron su presentación el año pasado.

    “¿Quieren escuchar un adelanto de Savages?”, pregunta el frontman a un público animado, anunciando el ingreso de Richie Cavalera para interpretar Bloodshed, adelanto de lo que se viene en octubre con la nueva placa. Y para no bajar los ánimos, la banda lanza otro combo doble demoledor de los tiempos de Max en Sepultura, Roots Bloody Roots + Attitude.

    Con lo que parecía el final, dieron las buenas noches y las gracias, pero un público reticente a irse los hizo volver y tocar los primeros segundos de Jumpdafuckup, para finalmente despedirse como se debe, anunciando a una concurrencia enardecida cuatro palabras que desataron la euforia final: Eye for an Eye.

    Termina el primer tema del primer álbum de la banda, despidiendo a un agotado pero sonriente Max, quien se retira al backstage mientras sus compañeros interpretan un medley de The Trooper, de Iron Maiden.

    Mark Rizzo, Tony Campos y un hasta ahora desconocido baterista que hizo vibrar el recinto, Kany Lora, culminaron el cierre y se apagaron las luces.

    A pesar de la férrea presentación de Soulfly la noche del 20 de agosto, la poca concurrencia de público y la excesiva cantidad de teloneros, sumado a problemas de ecualización, levantó serias dudas del público con la productora, eMeDe Producciones, a quienes sin embargo se les agradeció la tercera venida de la banda, a tocar en un espacio acorde a su trayectoria.

    Realizar el evento un día martes tal vez jugó en contra en este caso, leyendo muchas quejas en redes sociales de gente que quería asistir y tuvo que ceder la entrada por motivos de trabajo.

    Finalmente, y aunque a algunos les duela, la edad empezó a jugar en contra de Max Cavalera, quien ya no está para los trotes de siempre y le cuesta mantener los gritos o el aliento en algunos temas, y se notó en esta presentación. Tal vez una ecualización con más preponderancia a la voz habría ayudado un poco al líder del cuarteto, decían algunos a la salida del show.

    De todas formas, Soulfly saldó la deuda y el público con ellos, en un show donde reinó el dicho “pocos pero locos”.



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    imagen cortesía de Fotografías Violeta