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  • DE CÓMO LLEGUÉ A LA MÚSICA FOLK

    Ago 6 2008, 9h53

    De un tiempo a esta parte vengo sufriendo cambios que me afectan en muchos aspectos. Nada alarmante, sino todo lo contrario. Lo vivo como una evolución natural del ser humano, que se adapta al medio y circunstancias que le rodean, sean estas espaciales o temporales. En ellos, la capacidad de aprendizaje no cesa y la incorporación de nuevos conocimientos y experiencias me nutren gloriosamente y me permiten establecer vínculos afectivos con cosas que hace tiempo desconocía o incluso de las que renegaba.

    Algo parecido me viene ocurriendo últimamente con la música folk, al igual que con toda la liturgia y cultura que rodean a la religión católica, aunque ese es tema para otro artículo.

    Definir para mí la música folk es definir y entender la cultura popular como los modos de vida y costumbres, los conocimientos y técnicas, las actividades expresivas y artísticas que caracterizan a un grupo humano. En este sentido, la música folk recogería todas esas características y las expone, dándolas a conocer bajo adornos armónicos y melodías. Pero no es suficiente para algunos, que lo ven como algo denostado y desprestigiado, pues para ellos el folk es sólo eso: incorporar elementos nuevos no existentes en la cultura previa (música en este caso). Desde mi humilde punto de vista, el folk va un poco más allá, pues aporta algo que previamente no existía, lo cual enriquece sobremanera la propia cultura popular. Este algo es simplemente la investigación, la indagación y el espíritu emprendedor de esos investigadores por sacar a flote esa cultura subyacente.

    Sí, es cierto, la intervención de los diversos individuos de la sociedad en que se inscribe y sobre todo su aportación, en este sentido de investigación, provoca modificaciones y adaptaciones que dan lugar a una perenne evolución, es decir, tenemos en nuestras manos la posibilidad de seguir generando tradición. La tradicionalidad en este sentido es inherente a la cultura, pero también lo es la creatividad de un individuo con respecto a esa tradición, su capacidad de reformar y adaptar esa herencia al momento presente en el que vive, de imprimir su propia huella, que con el paso del tiempo pasará o no a formar parte de la tradición cultural. Por eso esta nueva percepción de la vida me ayuda a entender que nada ocurre porque sí y que todo tiene alguna explicación, y en mi caso es la de entender el mundo en el que me muevo apoyándome también en el deleite que me aporta cierta música folk. Por ello poco a poco las piezas han ido encajando para creer y querer más la tierra en la que vivo y sobre todo la cultura que la rodea.

    Hace años, cuando descubrí todos los estilos musicales que se dan en la afortunada cita anual del WOMAD de Cáceres, los adopté como míos, al igual que hice con otros estilos musicales y muchos aspectos de la vida en general. Eran tiempos universitarios en los que abrazaba el mundo como un niño a sus juguetes: conocí y viajé todo lo que pude, llevando siempre en la mochila una gran dosis de admiración hacia todo y mucha hambre de conocimiento. Pero en el acto de viajar no me daba cuenta de lo que ahora considero tan importante, y es que uno casi siempre vuelve al lugar de origen con las manos vacías, es decir, consideraba siempre más importante y más novedoso lo que me encontraba fuera que lo que tenía en casa, cosa ante la que me consideraba con el derecho de menospreciar y no alimentar.

    El origen de este cambio no podría encontrarlo, sería estúpido por mi parte intentar buscar en el origen de ciertos comportamientos, cuando previamente sé que están motivados por multitud de factores, pero sí citaré varios hechos que podría considerar accidentales pero que han supuesto hitos temporales y seguro han tenido repercusión en mí: hechos como el trabajar en un Museo Provincial donde se daba a conocer la historia y la cultura de Cáceres y por ende de toda Extremadura, conocer a la persona con la que ahora comparto mi vida y que se mueve de forma anónima por el artístico mundo de la música y hacia la que tiene una gran pasión, como yo y que como consecuencia directa nos hemos nutrido recíprocamente y para finalizar, también la fortuna de conocer a los integrantes de la Asociación Cultural Mansaborá Folk, quienes también han provocado en mí una gran admiración hacia ese tipo de personas que se ilustran y conocen nuestra cultura casi que como sus propias manos.

    ¿Pero por qué el folk? Básicamente lo he dejado intuir un poco más arriba. No se vayan a creer ahora que me voy a convertir en un estudioso en la materia o en un gurú que vaya predicando de ciudad en ciudad las bondades de la cultura y las tradiciones populares hecha música. No es tanto eso lo que quiero hacer público a los pequeños lectores que resbalan y caen agradablemente en estas líneas, como el cambio sufrido en la percepción de ciertos elementos que integran el mundo, mi mundo, concretamente y que me hacen ubicarme en una postura que resumiría de acercamiento y concordia hacia todo el mundo y todas las cosas, en su conjunto.

    Es el folk, simplemente porque ahora soy más capaz de entender el esfuerzo de estas personas, que luchan por dar a conocer esa tradición cultural mayoritaria, mantenida y desarrollada por las clases populares no alfabetizadas, ante la tradición cultural minoritaria, desarrollada por las clases poderosas alfabetizadas. Desgraciadamente al primer tipo de cultura que han desarrollado los estamentos de la sociedad que detentan el poder económico y político se le denomina "cultura" por antonomasia y al segundo tipo, desarrollado entre los labradores, obreros y artesanos, rurales y urbanos, al que escasamente se le nombra, se le suele denominar "folklore". A él nos referimos cuando usamos el término "cultura popular". Una se difunde y defiende a través de la escuela, la Universidad, los medios escritos: es la cultura por excelencia, la cultura "oficial". La otra se transmite de viva voz, por medio de la tradición oral, tiene escasos apoyos institucionales, y sobrevive a duras penas, marginada y despreciada en medios académicos y de difusión cultural.

    No quiero con esta pequeña refexión decantarme por una u otra, sino simplemente dar a conocer mi acercamiento hacia este tipo de cultura y aprovechar también para denunciar que, en la actualidad, la cultura popular, que considero representativa de la mayoría de la población extremeña, sigue sufriendo una doble forma de negación: La manipulación interesada por parte de los "sacerdotes" de la cultura oficial, quienes tradicionalmente la han caricaturizado y encasillado bajo la etiqueta de lo "cazurro" o, más displicentemente, como un batiburrillo de restos degradados que tienen su origen en manifestaciones culturales de rango superior elaboradas por la élite. El desprecio y el olvido en medios educativos y académicos, desde la enseñanza primaria hasta la Universidad, y su falta de presencia en los medios de comunicación.

    Otro hecho fundamental que nos permite analizar y poner el termómetro a la preocupación actual que, desde los estamentos políticos, se tiene hacia el fomento de nuestra cultura estaría en el poco caso que desde el Consorcio, que duramente trabaja para que Cáceres sea Capital Europea de la Cultura en 2016, está haciendo por la promoción de nuestra cultura, la de toda la vida, poniendo el acento en grupos y artistas en general que de una forma vacía y sin contenido publicitan más que difunden las bondades y características de nuestra Extremadura.

    El porqué de esta falta de atención en las acciones es muy complicado de analizar, pero sí debo decir qué es lo que ha motivado en mí la búsqueda y el análisis de mis nuevos fundamentos. Desde una perspectiva interna no veo necesario profundizar más, pero externamente no veo otras causas que no estén básicamente motivadas por la despoblación rural y la degradación cultural.

    Creo firmemente que en la actualidad desde la escuela y sobre todo los medios de comunicación se forma en el desarraigo a los habitantes del medio rural, inculcándoles valores urbanos que son el germen del deseo de huir. Todo esto es directamente proporcional a la la degradación cultural. El desconocimiento del propio medio y de la cultura que se ha desarrollado en él provoca la falta de sentido crítico y facilita la penetración de modelos de consumo internacionales, con más intereses comerciales que humanos. La cultura popular extremeña, al igual que el resto de culturas, con todas sus variedades, es uno de los colores en la paleta de la biodiversidad, como representación de la adaptación humana a un medio natural con sus características propias, y por tanto únicas. Es un Patrimonio de la Humanidad, su estudio crítico, defensa y adaptación al presente debería ser obligación moral en general y de los responsables culturales de instituciones privadas y públicas en particular. La cultura extremeña debería fomentarse en las escuelas, apostando fuertemente por un modelo de gestión cultural y de modos de vida tradicionales, sin dejar de integrar los nuevos elementos de la sociedad del siglo XXI, para que tradición y modernidad vayan de la mano, evitando uno de los males que históricamente ha aquejado a nuestra región. El estado de postración y abandono en que se encuentra en la actualidad nos debería avergonzar a todos.

    Creo que mi acercamiento a la música folk extremeña es una de las formas que me permite conocer y participar más activamente en la cultura de mi tierra, en la que me siento feliz y afortunado. Sienta las bases de lo que soy, me posiciona y evita definitivamente que crea que lo mejor está fuera de sus fronteras. Grupos como Acetre, Mansaborá, Manantial, etc recogen muy bien las bases esenciales de todo lo no palpable y lo proyectan al exterior en forma de arte. Estoy seguro de que, aparte de mí, alguien más ha recogido el testigo que nos han dado en forma de "complejos fuera", motivándonos a potenciar ese nuevo término de "topalantismo" acuñado en Extremadura, creyendo e invirtiendo en nuestra tierra, pero sin olvidar en ningún momento que nacimos con los pies posados en este "cacho e tierra que tienes entrañas".
    Muchas gracias.
  • Sobre Mansaborá Folk

    Fev 8 2008, 11h40

    Mansaborá Folk nació en noviembre del año 2003 como agrupación y se inscribió como asociación en agosto de 2005 con el nombre de “Asociación Cultural Mansaborá Folk”. Los objetivos fundamentales que han llevado a los miembros del grupo a crearlo y desarrollar su actividad son principalmente:

    * Dar a conocer el patrimonio musical de la Comunidad Autónoma de Extremadura.
    * Recoger y difundir tradiciones folclóricas de los diferentes pueblos de la región.
    * Exponer en canciones leyendas y mitos de Extremadura.
    * Identificarse con el patrimonio artístico-musical de Extremadura.

    Los ocho miembros actuales del grupo proceden del mundo del folclore, ostentando una media de ocho años en diferentes asociaciones folklóricas por cada uno de ellos.

    Esperando poder aportar algo más a la música tradicional se han añadido numerosos instrumentos a una base de folclore puro para dar nuevos sonidos, para que aporten un punto de frescura a estas antiguas melodías y poder acercarlas, sin que pierda su riqueza cultural y su esencia, a un numero elevado de personas.

    Para ello se incluyen en nuestro repertorio instrumentos como el bajo eléctrico, mandolina, guitarra acústica, flautas, etc, además de los instrumentos tradicionales. También se tocan otros ritmos y melodías como son por ejemplo el bolero adaptando una letra siempre referida a nuestra comunidad y especialmente a nuestra provincia, como es el caso de la canción dedicada al Puente de Alcántara.

    Otra de las actividades que se ha realizado en el corto espacio de vida de este grupo es el del desarrollo de la MISA TRADICIONAL EXTREMEÑA que hemos interpretado numerosas veces tanto en la ciudad de Cáceres como en sus alrededores.