Suarez,
Horrible,
indie,
argentina,
lo-fi
Compré este disco en el año 95, antes de un recital que Suárez compartió con varias bandas, de las que sólo recuerdo a Sergio Pángaro. El show fue en el Jockey Club de La Plata, cuyas instalaciones habían sido adquiridas hacía poco tiempo por la Universidad. A Suárez le tocó cerrar la noche que ya se había hecho mañana. Recuerdo al gran Gonzalo Córdoba (tremendo guitarrista, que ahora ha vuelto a tocar en la nueva banda de Paoletti) diciendo ¡buenos días! iluminado por el sol que entraba por los enormes ventanales. El escenario era muy pequeño y los cuatro estaban apiñados ahí arriba, abajo eramos no más de quince, yo di unos pasos hacia adelante para escuchar uno de los shows más energéticos que viví en mi vida. Rosario todavía tocaba la guitarra. Cuando todo terminó me di vuelta ya no vi a la persona que había ido conmigo y solo quedábamos nueve.
Al otro día pongo el CD y espero la misma descarga, pero... ¿qué diablos era eso que salía por los parlantes del maltrecho grabador que me habían prestado? (yo no tenía reproductor de Cds) ¿qué eran esas letanías?¿por qué no reconocía ninguna de las canciones? y sobre todo ¿por qué no podía dejar de escucharlo? En aquel show Suárez había hecho todas canciones nuevas, que ni siquiera estaban grabadas, las de este disco eran muy distintas, pero igual de disfrutables
Horrible es el negativo de la belleza, su lado opuesto. Comienza con Prueba de valor un caja de ritmo que late monótona y la voz que solo eleva el tono en los versos finales "voy a ir y venir / voy a pasarla bien viviendo todo lo que quiero". El segundo tema, Algo difícil, mantiene la percusión como centro y María F. Aldana comparte con Rosario un paseo por la infancia somnolienta. Saludos en la nieve, el tercer track, es sencillamente una de las mejores grabaciones que escuché en mi vida: surrealismo en la lírica "todas las mañanas transmitiendo desde la Antártida / con una foca en la bañera y saludos en la nieve" y una producción de baja fidelidad que, paradójicamente, recubre de un brillo conmovedor la sencilla melodía cuyos últimos versos ("buen día y arriba...") me recuerdan a la frase de Gonzalo.
Con Guantes de piel el power pop se hace presente en una canción para cantar en los días nublados, En la bicicleta es una preciosa viñeta suburbana que se deshace en la bruma del lo-fi, Porvenir (que fue reversionada en Galope con cadencia de rock furioso) aquí aparece lánguida, al igual que el melódico Dos luces (tema que nunca escuché en vivo). Mirá es un trip de helio y oxígeno ("mirá / cerrá los ojos / y hagamos todo el viaje así...") entrecortado por grabaciones de campo, al estilo de "A Starota el idiota" y en Falso ladrido la guitarra acústica es acompañada por un peine y un trozo de celofán.
Finalmente, el track Flor fantástica retrotrae a los tiempos de Hora de no ver y la brevísima Rayos y manchas clausura la primera parte de un disco inspiradísimo, de los mejores que dio una banda argentina en los 90. Los restantes treinta minutos están conformados por un collage hecho de retazos de canciones (algunas que habían aparecido en el primer disco, otras que jamás conocieron otra grabación) en el que participan Paoletti, una máquina de escribir, niños berreando, sirenas, miembros del otro yo y pastillas de venta sólo en farmacias selectas.
En la edición que yo tengo el disco es azul morado, hay una edición anterior de color rosa y otras más para un disco analógico y emotivo. El mp3 no tiene colores, pero yo tampoco tengo la edad que tenía cuando todo esto ocurrió y tiendo a ver todo gris plomo. Pero, en definitiva, el tiempo me ha demostrado que la fealdad encierra la belleza. Cuando empecé a escribir estaba oscuro, ahora ya ha salido el sol. Buen día y arriba entonces, buen día y arriba.