Corria el mes de julio cuando mi buen amigo Huesitos y yo veiamos a Sigur Rós en el escenario Verde del Festival Internacional de Benicássim.
Era el concierto que más ganas tenía de ver durante todo el transcurso del festival. En el que más esperanzas había volcado, por todo lo que rodea a estos islandeses.
Todos los discos de Sigur Rós tienen una larga lista de mágicos temas. Aún resuena en mi cabeza el "crescendo" de Svefn-g-englar o el metalófono de Hoppipolla.
En aquella noche de verano, todos los privilegiados que pudimos verles en directo tuvimos la oportunidad de escuchar los nuevos temas de Með suð í eyrum við spilum endalaust.
En mi caso, fue una presentación de lo más original. Era la primera vez que asistia al FIB Heineken, y además, no había tenido la oportunidad de escuchar esta maravillosa obra de arte.
Hasta hoy, seis largos meses después de que saliera al mercado. …